El otro día me acordé del típico helado Solero.
Ese helado que en cuanto lo ves en el congelador del quiosco de la playa o en el supermercado ya te recuerda al verano.
Siempre digo que la comida, aunque tiene que nutrirnos, tiene ese punto emocional también.
Los guisos cocinados a fuego lento que te recuerdan a tu abuela…
El bizcocho de las tardes merendando en familia…
Tu plato favorito que te cocinaba tu madre y que aunque quieras, no te sale igual…
Y creo que con los helados esto pasa muchísimo.
Hay helados que no son solo helados. Son una sensación, un momento especial del verano congelado en el tiempo.
Con el Solero de mango pasa un poco esto.
Ese sabor tropical tan característico, la textura cremosa por dentro, el color naranja de la cobertura de mango…
Es de esos helados que ves y reconoces.
El problema es que, cuando te pones a leer la etiqueta de ingredientes, ya te das cuenta de que no es bueno para tu salud:
Azúcares. Grasas vegetales refinadas. Colorantes. Aromas artificiales. Una lista interminable de cosas que no tienen nada que ver con el mango de verdad.
Vamos, esto pasa con prácticamente cualquier helado que encuentras fuera de casa.
Por muy artesanal que parezca, seguro que lleva muchísimo azúcar.
¿Significa eso que tienes que renunciar a disfrutar de estos placeres veraniegos?
Para nada.
Significa que puedes aprender a hacerlos en casa. Con ingredientes de verdad, muy nutritivos y muy deliciosos. Y eso es justo lo que te voy a enseñar en el taller del 11 de junio (¡no olvides reservar ese día para ti!).
Pero para ir abriendo boca hoy quiero compartir contigo la versión saludable del Solero en casa.
Por eso, hoy te voy a enseñar a hacer la versión saludable del Solero en casa.
Con mango, coco y algún ingrediente opcional. Nada más.
Sin azúcar y sin lácteos (por si no los puedes tomar).
Y con un sabor que te va a recordar muchísimo al original.
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