Voy a cumplir 41 y me acabo de dar cuenta de que tengo la crisis de los 40.
Para mí es la crisis de los innegociables.
Es el momento en el que te das cuenta de que ya no puedes seguir pensando: "Bueno, aún tengo tiempo".
Porque no.
Ya no hay tiempo que perder.
A los 40 todo cambia a marcha forzada: la piel, las canas, la fuerza, la energía…
Tengo la suerte de que el reto de cuidar mi alimentación y nutrirme bien me lo pasé a los 30 y lo tengo integrado.
Pero había otras cosas que me costaban más (como es el caso del deporte).
Y a los 40 me he dado cuenta de que ya no hay negociación posible.
Lejos de parecerme algo malo, me parece una crisis buena.
En general, todas las crisis lo son.
Aunque cuando estamos dentro, cuesta verlo. Pero para mí, esto ha sido una oportunidad de crecimiento brutal.
Las crisis o refuerzan o te obligan a hacer cambios.
En mi caso me ha hecho ponerme las pilas en muchos ámbitos de la salud que tenía más olvidados.
Me ha hecho hilar más fino, porque antes pensaba: "Ya me cuido con la alimentación, soy joven y es suficiente, no pasa nada".
Pero no.
Entre el embarazo, el posparto y los 40, en cuestión de tres o cuatro años, he notado que mi cuerpo ya no responde igual.
Y no es solo una percepción mía, es que a nivel fisiológico, a los 40 las mujeres empezamos a notar cambios reales en el metabolismo.
La tolerancia al azúcar disminuye, el metabolismo se vuelve más lento y, si no nos cuidamos, ganamos grasa con más facilidad, especialmente en la zona abdominal.
También cambian los niveles hormonales, empiezan los primeros síntomas de la perimenopausia y el cuerpo ya no se recupera tan rápido del ejercicio, del estrés, ni de una mala noche de sueño.
Por eso, a los 40, lo que antes podías dejar para más adelante, ahora es una prioridad. No es un "debería hacerlo", es un "o lo hago o lo noto".
Y lo mejor de todo es que, aunque a veces da vértigo asumirlo, he mejorado un montón.
Lo hablo con gente de 60 años y muchos me dicen que ya es tarde para cambiar.
Pero yo pienso que tarde sería si no hago nada.
Porque cada vez veo más claro que cuanto antes empieces, mejor estarás dentro de 10, 20 o 30 años.
En mi gimnasio hay gente de 60 que levanta más peso que yo, que se mueven con una vitalidad increíble, y cuando los veo, pienso: "Eso es lo que quiero para mí".
Así que aquí va mi reflexión: no es tarde, es el momento.
Y si tú también quieres empezar a cuidarte, pero no sabes por dónde empezar, empieza por algo que te gusta.
Te propongo empezar por cambiar algo muy sencillo y muy concreto.
Algo que nos gusta a todos: los dulces.
Todo el mundo ama los dulces. Lo que pasa es que la mayoría están llenos de azúcar barato y ultraprocesados que no ayudan nada a nuestro cuerpo en este momento de la vida (ni en ningún otro).
¿Quiero decirte con esto que tengas que dejar de comerlos?
¡Por supuesto que no!
Disfrutar de tus postres y dulces favoritos no está reñido con cuidar tu salud. Solo tienes que aprender a hacer su versión más saludable, pero tan irresistibles como los que tanto te gustan.
Justo lo que te enseñaré en el taller gratuito del próximo jueves 6 de marzo.
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