A mí me flipa el pan.
Pero mucho. Muchísimo.
Soy una disfrutona de la vida.
Y desayunarme una tostadita crujiente, con aguacate, huevos revueltos y tomate secos por encima… me pierde.
Por eso, cuando tuve que dejar el gluten, empezó una verdadera odisea.
Porque renunciar al pan, ni se me pasaba por la cabeza.
Tenía claro que necesitaba encontrar uno que me sentara bien y que, por supuesto, estuviera rico.
Pero al principio fue superdifícil.
MUY difícil.
Todo el mundo me decía:
"Va Mercadona, es el súper estrella para comprar sin gluten. Allí vas a encontrar pan y cualquier cosa".
Y allá que fui.
Pero claro… yo había dejado el gluten por un problema de salud.
Aunque no soy celíaca, me sentaba fatal cuando lo tomaba: hinchazón, gases, cansancio constante…
Y por el mismo motivo, no solo tuve que dejar el gluten, sino que también tuve que cambiar mi alimentación por completo y empezar a comer saludable.
Tenía una lista infinita de alimentos que no podía comer.
Por eso, los panes que encontré en Mercadona no me servían.
Porque aunque fueran "sin gluten", estaban cargados de almidones (puro azúcar), harinas refinadas, aceites vegetales refinados y un largo etcétera.
Así que empezó lo que yo llamo:
LA RUTA DE LOS SUPERMERCADOS.
Imagínate.
Pasé por todos: Lidl, Carrefour, Alcampo… los que te imagines.
Y cuando vi que en ninguno encontraba un pan sin gluten de calidad, hecho con harinas integrales y sin almidones, pensé: "Vale. Me voy a un ecológico".
¡Sorpresa!
Tampoco.
Ahí fue cuando me di cuenta de que es casi imposible encontrar un buen pan sin gluten en el mercado.
(Te hablo de panes, pero con cualquier producto sin gluten pasa igual).
Pagas un dineral por ingredientes de mierda.
Y encima, no saben nada bien.
No se parecen en nada a los panes de toda la vida.
Ante esta situación, empecé a hacerlos yo.
Busqué recetas por Internet, hice cursos, me leí mil libros…
Pero me encontré con lo mismo:
La mayoría de referentes en el sector de los panes sin gluten, tanto panaderos como personas que imparten cursos, siempre dicen que para que un pan esté rico, sea esponjoso y tenga buen aspecto, se tiene que usar mínimo un 50% de almidón.
O que se necesita azúcar para la fermentación.
Y esto no es así.
Parece que los panes sin gluten no pueden estar buenos y ser saludables.
Esto es una gran mentira.
Cuando grabé con Ibán Yarza la masterclass "Piérdele el miedo a la masa madre y conoce todos sus trucos" (que, por cierto, tienes como bonus si te apuntas al curso antes del 19 de mayo), me decía justo eso:
"Para mí solo hay panes buenos y panes malos. Da igual si tienen gluten o no."
¿Por qué un pan con gluten puede estar hecho con masa madre, harinas integrales, sal y poca cosa más… y uno sin gluten necesita todo tipo de aditivos, almidones y azúcar?
Pues NO.
Yo no me rendí.
Empecé a probar y a investigar por mi cuenta cómo hacer panes de calidad.
Sin gluten, sanos y superdeliciosos.
Y después de 10 años de ensayo y error, di con la FÓRMULA.
Una fórmula que solamente hago yo.
No he visto a nadie hacerla así.
Ni en ningún otro sitio.
Con esta fórmula, los panes sin gluten, con muy poquito almidón (o ninguno) y hechos con harinas integrales…
Quedan muy esponjosos.
No tienen humedad.
Tienen la corteza crujiente.
Y sabor a pan de verdad.
Mira la pintaza que tiene la miga de la hogaza de la foto.
¡Brutal!
Cada vez que la veo, flipo.
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