Me encanta viajar.
Es algo que me conecta mucho conmigo misma.
Me viene superbien para despejar la mente, descubrir lugares nuevos, probar otras cosas… y, sobre todo, compartirlo con mi familia.
Pero también me encanta volver.
Volver a casa, al ritmo tranquilo, a la rutina…
Esta vez, hemos vuelto de Noruega justo el día antes de mi cumpleaños.
Teníamos pensado hacer algo especial y salir a comer a algún restaurante.
Pero al final no nos apetecía.
Después del viaje, de tantas comidas fuera de casa (no tan sanas ni tan ricas como nos hubiera gustado), lo que más valoramos fue esto: estar en casa juntos y comer algo casero y rico.
De hecho, la semana pasada llamé a mi entrenador para cancelar la sesión del día de mi cumple.
Pensé: "ese día seguro que no voy a entrenar, haremos algún plan".
Y al final… mi cuerpo me pidió todo lo contrario.
Cumplo 41 años, y una de las cosas que más quiero este año es sentirme fuerte, seguir cuidándome, estar sana, feliz y con energía.
Así que decidí celebrarlo entrenando, comiendo bien, cuidándome, pasando tiempo tranquilo con los míos… y cenando con algunas amigas.
Podría haber ido a comprar una tarta o haberla comido fuera.
Pero lo que realmente me apetecía —y lo que más ilusión nos hacía a todos—
era hacerla juntos en casa. En familia.
Es lo que te contaba en el email del martes: hacer cosas con tus propias manos, compartir el proceso, y luego disfrutar el resultado... no tiene precio.
Eso sí, no podía ser cualquier tarta…
Tenía que ser LA TARTA.
Y, por supuesto… de chocolate.
Hicimos la tarta Sacher saludable más deliciosa del planeta.
Sin gluten. Sin harinas refinadas. Sin azúcar. Sin lácteos.
Es superfácil de preparar, y estoy segura de que te va a encantar.
Así que quiero compartirla contigo, para que tú también puedas disfrutarla con los tuyos.