No solo importa lo que comes, sino cómo lo comes, con quién lo comes y en qué contexto lo haces.
Hoy quiero compartirte una reflexión que me ronda últimamente.
Tiene que ver con la alimentación saludable, sí… pero también con las personas. Y con lo que yo llamo la batería social.
Porque ya sabes: cuando decides cuidarte más, comer mejor… el mayor reto no está solo en la cocina. Está fuera de casa. En lo social.
Por ejemplo, estamos muy acostumbrados a relacionarnos en torno a una cervecita, a asumir que hay que beber alcohol para encajar.
Y si no lo haces, surgen las preguntas:
"¿Y eso?"
"¿Qué te pasa?"
"¿Por qué no bebes?"
Lo mismo ocurre con la comida. Todo el mundo opina, te cuestiona, te juzga:
"¿Pero por qué estás a dieta si no te hace falta?"
"¿No vas a probarlo?"
"Por un día no pasa nada. Disfruta"
Y claro… una duda.
Fuera de casa es donde más complicado resulta mantenerse firme.
Porque aunque tengas tus hábitos superintegrados en el día a día, hay algo más frágil que la fuerza de voluntad: el deseo de pertenecer.
En verano esto se acentúa.
Muchos buenos hábitos que hemos ido cultivando durante el año se tambalean.
No porque decidamos romperlos, sino porque cambian el entorno y las rutinas.
Vacaciones.
Comidas fuera.
Lugares que no siempre nos lo ponen fácil…
Y ojo: yo soy la primera que disfruta del verano.
Me voy de viaje y si tengo que comer fuera todos los días, lo hago.
No pasa nada.
No se trata de ser rígido.
Si comes algo que te apetece, aunque no sea saludable, hazlo de forma consciente y saboréalo feliz.
Eso está genial.
No me refiero a eso.
Lo que quiero explicarte es que, muchas veces, ese entorno social que trae el verano, viene acompañado de conversaciones poco nutritivas también.
Vamos a usar ese lenguaje: cosas que nutren y cosas que no.
Porque sí, lo tóxico suele atraer a lo tóxico.
Y a veces acabamos tomando una pizza con Coca-Cola mientras nos quejamos de alguien, del trabajo, o de la sociedad.
No te digo que tú lo hagas, pero seguro que lo has vivido.
Y luego te sientes peor: peor digestión, peor descanso, más irascible… más baja de energía.
Ahí entra la famosa batería social.
Se agota cuando comes cosas que no te nutren y cuando escuchas cosas que tampoco lo hacen.
A mí me pasa mucho.
Voy a comer con alguien, la comida no es la más saludable, y encima las conversaciones son pesimistas o críticas…
Y salgo como si me hubiesen dado una paliza.
Porque mi energía es valiosa, poderosa, y la necesito para crear, vivir y disfrutar.
Por eso, para mí es tan importante rodearme de personas que me nutren.
Gente con la que las conversaciones suman, te inspiran, te dan ganas de vivir mejor.
Estoy segura de que ahora mismo tienes en mente a alguien así.
Esa persona que te hace bien. Que te impulsa.
Eso es lo que deberíamos buscar más a menudo: comida nutritiva con gente nutritiva.
Resultado: pilas cargadas al 100%.
En cambio, una comida llena de fritos y quejas, sin verdura ni propósito, me deja sin energía.
Y nada, quería dejarte esta reflexión porque con la llegada del verano me parece bonito pensar en esto:
Con quién queremos quedar.
Y cómo queremos estar.
Desde lo nutritivo, desde el cuidado.
Porque siempre hay opciones para elegir.
Un sitio mejor. Un plato mejor. Una compañía mejor.
El verano puede ser disfrute, presencia, conexión… sin tener que desconectarte de ti.
Me despido con esta intensidad veraniega.
¡Feliz verano, y que lo vivas como tú eliges!
Un beso enorme,
Lucía.