El otro día estaba un poco saturada trabajando en casa y decidí irme a una cafetería en la que preparan un té matcha delicioso.
Esto es algo que me gusta mucho hacer.
Me concentran muchísimo los ruiditos de la cafetera y la gente murmurando. Y me encanta cambiar de aires, vestirme, salir de casa y caminar con el fresquito hasta llegar al sitio.
Aunque la verdad es que lo hago muy poco.
Antes lo hacía más, iba probando diferentes cafeterías para ver en cuál trabajaba mejor, pero perdí la costumbre.
Creo que lo tendré que poner en mi lista de cosas que me gustan para que no se me olvide.
Esa lista es superimportante.
Muchas veces no nos escuchamos, ni nos damos el tiempo suficiente para hacer las cosas que nos gustan y nos hacen sentir bien. Con la rutina, nos dejamos de lado, cuando en realidad deberíamos hacer lo contrario.
Por ejemplo, el otro día podría haber dicho: "Uf, no me apetece nada tener que trabajar en casa" y agobiarme aún más por tener que hacerlo.
Pero busqué una solución y me enfoqué en lo positivo:
"Vale, no me apetece trabajar en casa, así que me voy a una cafetería que me encanta".
Cambia totalmente el enfoque, ¿verdad?
Así es como les digo siempre a mis alumnas que me cuenten las cosas: enfocándose en lo positivo y no en lo negativo.
"Esta semana he comido sano en las cenas, pero no he logrado organizarme bien dejar listo almuerzos saludables para llevarlos al trabajo, ¿cómo puedo hacerlo mejor?"
En vez de decir: "Me he organizado fatal y no he comido sano cada día. He fracasado".
¡No hay color!
Aplicar esto te cambia la vida.
Parece una chorrada, pero no lo es. Estás enseñando a tu cerebro a ver el vaso medio lleno, en vez de medio vacío, y eso te sirve para todo. TODO.
Bueno, que me enrollo…
Volvemos al principio…
Ahí estaba yo, trabajando en mi cafetería TOP con mi matcha deliciosísimo.
Una cafetería/panadería superfamosa donde hacen todo sin gluten.
Vi que tenían roscón de Reyes sin gluten, ni lácteos.
¿Y sabes qué forma parte de mi mi trabajo? ¡¡PROBARLOOOO!! (Qué sufrimiento, ¿eh?).
La verdad es que no me apetecía un subidón de azúcar, pero tenía que hacer un esfuerzo porque el trabajo es el trabajo.
El veredicto final fue: ni esponjoso, ni delicioso. Y encima, como ya me imaginaba, ¡con azúcar por un tubo!
Para ser de una cafetería, que es uno de los mayores referentes en España en panes y dulces sin gluten, dejaba mucho que desear.
No pude evitar compararlo con el de mi curso Dulces navideños, que no solo está más rico y es más esponjoso, es que encima no lleva azúcar y es cien veces más saludable.
Estoy orgullosísima de mi receta.
Y no solo lo digo yo, sino todas mis alumnas y alumnos que flipan cuando lo prueban.
Por eso, como no quiero que te quedes sin el roscón más sano y rico del planeta.
Y porque no paro de recibir mensajes preguntándome por el curso Dulces navideños.
Y sé que durante el Black Friday, con tantísimos emails de ofertas, te has podido agobiar y justo la oferta que te interesaba (la del curso Dulces navideños) no la viste y se te pasó.
Aunque dije que no volvería a abrir el curso hasta el año que viene, he decidido hacer una reapertura especial de SOLO 3 días.
A un precio que nunca más tendrá el curso.
57 euros, en lugar de 97 euros, que es su precio habitual.
El domingo a las 23:59 (hora de Madrid, España) se acaba la oportunidad y cierro el curso de nuevo hasta el año que viene.
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