Como te dije en julio, sabía que no podría esperar todo agosto para mandarte un email.
Y así ha sido.
Ya estoy de vuelta y con las pilas bien cargadas.
Con muchísimas ganas de este curso, que seguro que va a ser maravilloso.
En estas vacaciones me han pasado dos cosas importantes y quiero comentarlas contigo porque ya sabes que me chifla que reflexionemos juntas.
La primera es que me fui de viaje a Copenhague y la segunda es que me quité las redes sociales del móvil.
En lo referente a Copenhague no me voy a enrollar contándote qué hicimos o dejamos de hacer (pregúntame si quieres ir o te interesa), porque lo que te quiero contar es que me enamoré de la cultura.
Me enamoré de la confianza (el 80% de las bicis estaban sin atar y casi todo el mundo va en bici) y de su famoso "hygge".
¿Habías escuchado antes hablar sobre el "hygge"?
A mí me gustó tanto que leí un libro sobre ello nada más llegar del viaje.
El libro se llama "Hygge: La felicidad en las pequeñas cosas. Descubre por qué los daneses son los más felices del mundo y cómo tú también puedes serlo".
Con el nombre del libro seguro que ya te haces una idea de qué significa esta palabra danesa.
Pero te cuento un poco más.
Es un concepto que no se puede traducir por una palabra concreta en español.
Más bien es una sensación.
Es algo así como calidez, relajación y el disfrute de las cosas pequeñas.
Darle importancia a estar presentes y reconocer los pequeños momentos de alegría y felicidad en nuestro día a día.
Esto puede ser cualquier cosa, desde acurrucarse con un buen libro bajo una manta, tomar una taza de chocolate caliente lloviendo fuera, comer tu comida favorita, o disfrutar de una tarde divertida con amigos y familiares.
Por ejemplo, para mí (y para los daneses) no hay nada más "hygge" (vamos a traducirlo como gustoso aunque nos quedamos cortas) que hacer pan casero.
¡Lo tiene todo!
Trabajar la masa con presencia, esperar a que fermente, ver cómo sube en el horno, el aroma, el sabor del primer bocado, la sensación de blandito y crujiente a la vez, el orgullo de haberlo hecho tú…
Esa sensación es única en el mundo y solo la conocen las personas que alguna vez han hecho pan en casa.
Sé que ahora me dirás que para hacer pan hay que tener tiempo (cosa que tú no tienes).
Y que esto no es Dinamarca.
Lo sé.
Por eso ahora voy a hablarte de la segunda cosa que me ha pasado en vacaciones y que tiene relación con el tiempo.
Se dice que las personas pasamos de media más de dos horas mirando las redes sociales.
Y estoy segura de que en esta media no se cuenta a las personas que no solo tenemos redes sociales a nivel personal, sino que también son nuestro trabajo.
A veces entras a mirar si tienes algún mensaje importante, a publicar un contenido superinteresante o a hacer cualquier cosa y cuando te das cuenta, estás en el infinito, como dice mi amigo More.
Acabas sin saber cuánto tiempo pasas mirando el móvil y las redes sociales.
Ni desde cuándo estás allí.
Ni para qué habías entrado.
Por eso, estas vacaciones decidí hacer lo que no había hecho nunca en mi vida: desinstalar todas las redes de mi móvil y descansar de verdad.
Pensé que si estaba de vacaciones, pero subiendo contenido, al final estaba trabajando.
Y yo no quería eso. No quiero que ningún algoritmo sea mi jefe.
Sumado a lo que te decía antes de pasar muchísimo tiempo sumergida en las redes.
Te invito a que mires el tiempo que pasas tú en ellas (en los móviles iPhone puedes verlo donde pone "tiempo de uso").
Y a que reflexiones sobre en qué gastas tu tiempo, porque a veces decimos (y lo digo por mí): "¡no tengo tiempo de pintar acuarela!" y resulta que en dos meses me termine un cuaderno ENTERO.
Pensarás que es normal porque estaba de vacaciones.
Pues no, porque teniendo una hija de 4 años mucho tiempo no es que tenga ni aunque esté de vacaciones.
Sacaba el tiempo del que solía dedicar a mirar las redes y el móvil, que normalmente es por las noches, cuando ya está dormida mi hija.
Y digo móvil como puedo decir series, televisión…
En mi caso ha sido la acuarela, pero vale para cualquier cosa que te guste o a la que te parezca importante dedicarle tu tiempo, qué tan valioso es.
Con estas dos cosas que me han pasado en vacaciones y que te he contado lo que te quiero decir es:
En primer lugar, que el tiempo se crea y que ahora que llega septiembre es una época perfecta para fijar prioridades.
Y en segundo lugar, que hacer pan es una de las cosas más bonitas y "hygge" que existen.
Sobre todo si es un pan sin gluten que te sienta genial y que es sanísimo.
Si no lo has probado, te animo a que lo hagas porque de verdad que la sensación de hacer un pan en casa es brutal.
El 26 de septiembre he preparado una clase gratuita en la que te enseñaré a hacer un pan sin gluten en 5 minutos, delicioso y sano.
Empezamos el curso a lo grande.